2007-05-24

30 años con El jueves de cabo a rabo


El jueves, la longeva revista estatal decana en el humor, cumple esta semana 30 años. Un número, que si bien no es demasiado llamativo (ni siquiera es el rimbombante “medio siglo“ de los 50), la dirección lo ha considerado lo suficientemente redondo como para ponerse a celebrar el aniversario por todo lo alto.

Así, y acompañando a una revista ligeramente más gruesa que un ejemplar semanal “normal”, mediante el desembolso de unos 5 euros (una cantidad que, dicho sea de paso, también resulta algo más abultada de lo habitual) nos llevaremos a casa El jueves de cabo a rabo, un flamante obsequio en forma de tomo recopilatorio de algunas de las páginas más aplaudidas de su larguísima trayectoria. Como, entre muchas otras, aquellas parodias del golpe de estado del 23-F, la portada inspirada en la visita a España de Ronald Reagan tras el sí a la OTAN o aquella de la “gran corrida de moros”, el fotomontaje que rápidamente ocupó su espacio en las paredes en unas cuantas tabernas. Y todo ello en un lujoso libraco de 190 páginas con lomo, a todo color y en tapa dura; el formato ideal para adornar cualquier estantería.

Puede que últimamente se les vea demasiado el plumero en cuestiones de línea editorial. Puede que muchos personajes hayan caído en los temidos pecados del monólogo o la rutina. También puede que estés de acuerdo (o no) en que el profesor Cojonciano hace cada vez menos gracia. O, incluso, puede que algunos autores, entre tantas y tantas genialidades, hayan hecho un par de cosas difícilmente olvidables. 30 años manteniendo el tipo es mucha traca, y ni siquiera los Simpson son tan viejos. Sin embargo, y creo hablar desde la objetividad al decir esto, las muchas sombras que puedan tener no son nada en comparación al reguero de luces que, semana tras semana, consiguen arrancar al menos un par de sonrisas al más pintado.

Quizá por eso no sea demasiado aventurado augurarles, al menos, otros 30 años.

Sí, es muy posible.

2007-05-21

Cave Story, o la nueva forma de entender el videojuego


En el mundillo del ocio electrónico, tan plagado actualmente de títulos de acción y de rol de cortes clónicos, de vez en cuando alguien nos da una sorpresa. No es común que suceda, pero en ocasiones se hace notar una estrella, una pequeña joya o unos cuantos megas bien puestos; algo que realmente merece la pena reseñar y que se encarga, valiente, de recordarnos porqué jugamos (todavía) a videojuegos. Ico, Wario Ware, Osu! Tatakae! Ouendan o el concepto de Wii son algunos ejemplos originales y osados, que se alejan de convencionalismos, que crean nuevos moldes en lugar de romperlos. Pero tampoco van mucho más allá. Están demasiado englobados en los cánones del negocio como para ser capaces de definir nuevos modelos por sí mismos.

Es en este marco estancado donde Cave Story supone, ahora sí, toda una revolución. Despacito y sin levantar sospechas, pero ya se ha hecho notar y ha descubierto sus cartas a todo el mundo. Propone una nueva forma de ver la Industria, donde priman las ideas y los buenos diseños por encima de toda la marea de números y ventas, algo que no se ve desde los añejos tiempos del Spectrum. Lo haya buscado o no, se ha convertido en el abanderado de esta visión gracias a la contundencia de las pruebas que aporta, entre ellas, el hecho de que lo que se nos está ofreciendo es una auténtica obra maestra. Pero lo mejor de todo es que todo este trabajo, que podía perfectamente haber sido profesional y venderse en forma de cartucho de Game Boy Advance, es totalmente gratis.

Doukutsu Monogatari (su nombre original japonés) es obra de una única persona. Guión, diseño y programación salieron de la privilegiada mente de Daisuke Amaya (“Pixel”) que, utilizando el ordenador de su garaje, ha dado vida a (pongo la mano en el fuego, sí) uno de los mejores juegos freeware de la historia. Con un desarrollo de exploración/acción similar al de juegos como Metroid, Cave Story invita al jugador a formar parte de un mundo lleno de personajes estupendamente diseñados y coherentes con la historia que en él se desarrolla. La curva de dificultad, la adicción y las sorpresas del argumento están perfectamente calibradas para ofrecer una experiencia jugable digna de cualquier trabajo de la edad dorada de las consolas de 16 bits.

Si tenéis algo de tiempo, domináis el inglés a nivel usuario y no os asustan los gráficos pasados de moda, os invito a entrar en la web de Pixel, descargaros esta maravilla (última opción de la barra de navegación, haciendo clic en el personaje coloreado que aparece en la fila 2004), aplicar el parche de la traducción y a poneros manos a la obra. Conocer y vivir la entrañable y absorbente historia de Sue, el Doctor y los mimigas será una experiencia que ya quisieran para sí muchas de las superproducciones actuales.


2007-05-02

els gafapastes fan pudor


A estas alturas de la película todos hemos oído hablar de los “gafapasta”. Sí, hombre, esos tipos que visten con chaquetillas tipo adidas y botas de colorines, que enganchan a sus prendas múltiples chapitas de temática pop y que gustan de escuchar música autodenominada “alternativa”, utilizar modernos “gadgets”, ver películas costumbristas, admirar todas las formas de arte conceptual y (¡por supuesto!) llevar con orgullo sus homónimos y llamativos anteojos. Claro, los has tenido que ver.

Sin embargo, y a pesar de todo lo que hayamos podido escuchar sobre ellos, personalmente dudo que puedan constituir una tribu urbana en toda regla. Se supone que las personas que se integran en cualquier forma de subcultura lo hacen de forma voluntariosa y guiadas por una determinada forma de pensar, cosa que en este caso concreto no sucede en absoluto. Un heavy o un friki seguramente estará orgulloso de serlo, pero no creo que pase lo mismo con estos pobres chicos señalados, demonizados y odiados, cuya supuesta pedantería está más que mal vista por casi todo el mundo. Por ésta y otras razones el movimiento no acaba de cuajar, y el término y sus sinónimos aproximados (“cool” o algunas formas de ser “emo”) han quedado relegados al oscuro mundo de los peyorativos.

Sea de manera “oficial” o no, la cuestión es que los gafapastas existen. Cada vez hay más, y pueden encontrarse en cualquier ciudad medianamente grande. Muy especialmente en las que se sitúan en la vanguardia de lo cosmopolita, como pueden ser Barcelona o Bilbo. Dado que en la lista de aficiones de esta gente figuran a partes iguales las últimas tendencias en tecnología, el arte conceptual y las ganas de expresarse, es relativamente sencillo que escriban en un blog o, sobre todo, cuelguen fotos en alguna clase de fotolog. Éstos últimos suelen mantener una serie de rasgos característicos que los distinguen de los otros (vamos a llamarlos los “no-cool”) y que mi amigo Roger Seró comenta, desmenuza e interpreta en su els fotologs fan pudor. Actualizándose periódicamente y tocando poco a poco todas las características de estos álbumes digitales (color, idioma, moda, etc.), esta web supone todo un ejemplo de cómo parodiar el comportamiento de un determinado grupo sanamente y sin llegar a caer en la burla fácil e indiscriminada.

Que suficientes chanzas han sufrido ya estos entrañables personajes, hijos del nuevo siglo…